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El camino del judaísmo para ir de la oscuridad al amanecer

Hace unos días recibí un mensaje del Rabino Mauricio Balter proponiéndome sumarme a un viaje con un grupo de rabinos, a Israel, en muestra de apoyo, sostenimiento y compromiso con nuestro pueblo...

Hace unos días recibí un mensaje del Rabino Mauricio Balter proponiéndome sumarme a un viaje con un grupo de rabinos, a Israel, en muestra de apoyo, sostenimiento y compromiso con nuestro pueblo. No lo dudé un instante y desde ese momento comencé a experimentar una cantidad enorme de emociones.

El lunes 6 de noviembre estábamos en Jerusalén donde se inició este recorrido de 3 intensos días que nos llevaron por caminos de dolor, tristeza y angustia, pero donde también encontramos resiliencia, fortaleza y esperanza. Somos parte de un pueblo único y maravilloso, que no deja de sorprenderme y asombrarme.

Vimos y escuchamos en primera persona relatos de heroísmo por parte de quienes atravesaron el horror en busca de salvar jóvenes, tomando riesgos para darle vida a quienes no merecían encontrarse con la muerte anticipada. Kol Hakavod por tanta audacia y entrega.

Luego descubrimos la infinita solidaridad de una nación que puesta a prueba saca lo mejor de ella y da sin restricciones todo y más. Visitamos Ajim Laneshek y pudimos observar con asombro la inmensa tarea que realizan sin pausa por los soldados, las familias de los secuestrados y por todos aquellos que lo perdieron todo.

Participamos también de los rezos y cantos en la plaza Rabin junto a los familiares de los secuestrados después de haber llorado y abrazado a la mamá de Naama, la joven rehén de 19 años, cuya imagen se hizo viral, llevada por terroristas en un jeep. Todos terminamos con el corazón roto, lágrimas en los ojos y un compromiso total para trabajar, pedir y rezar por la vuelta de todos ellos a sus casas lo antes posible.

Al día siguiente nos tocó ir al sur, muy cerca de la frontera con Gaza, previa firma de un papel que libera al estado de Israel de la responsabilidad de lo que nos pudiera ocurrir, con un chaleco antibalas, un casco y un bus blindado. Nunca me imaginé encontrarme con la destrucción y la muerte en forma tan frontal y directa. Kfar Aza, poblado a 5km de Gaza, arrasado por personas que perdieron su humanidad, y compitiendo en perversidad y sadismo con las criaturas más diabólicas que habitan la tierra, destruyeron la vida de 58 de las 900 personas que habitaban ese lugar, y truncaron la vida y la paz de todos los que allí habitaban. Las imágenes no se me borrarán nunca en toda mi vida, tampoco el olor a muerte que todavía persiste allí.

En Ofakim volvimos a escuchar el horror de los descontrolados terroristas que solo buscaron matar sin mirar a quien, pero también hubo tiempo y espacio para volver a oír relatos de quienes se salvaron y de quienes se vistieron con las ropas del coraje y la valentía enfrentando en inferioridad de condiciones, al mal disfrazado de militantes de la muerte. Gracias a Dios que tenemos gente así en nuestra querida tierra.

En Sdot Neguev pudimos observar el estado de los autos de los jóvenes que participaron de una fiesta por la paz, cuando buscando encontrar música y diversión se toparon con la oscuridad de aquellos que sin alma, solo pretendían arruinar tanto futuro. Lo material de esos vehículos no importa, pero sirve como reflejo del daño que causaron sin ningún miramiento.

Y de allí visitamos el centro de reconocimiento de cuerpos, donde además funciona el rabinato del ejército de Israel. Imposible imaginar la titánica tarea de esta Jevra Kadishe tan particular, que en tan poco tiempo se vio desbordada con 1400 cadáveres, a quienes tuvieron que identificar, y con amor infinito preparar para su entierro, mientras se acompaña a esas familias destruidas por la barbarie infinita. Baruj Hashem, también hay tzadikim en este mundo.

Por ultimo hubo lugar en este viaje para el encuentro con políticos y líderes de Israel, quienes tienen la inmensa tarea de visualizar un futuro y trabajar incansablemente para lograrlo. Éxitos en esta sagrada misión.

En hebreo negro, oscuro, se dice Shajor. Mucho de lo que vivimos en estos últimos tiempos esta teñido de ese color. Cuesta mucho imaginar dónde encontraremos las fuerzas para superarlo. Pero con las mismas letras se escribe la palabra Shajar, amanecer, quizás para enseñarnos que aunque estemos atravesando la noche más oscura de nuestros tiempos, no tenemos que tener ninguna duda de que pronto llegará esa claridad y seremos testigos de una gran reconstrucción. Las heridas nunca desaparecen, pero cicatrizadas, con marcas imborrables, renaceremos más fuertes, más comprometidos y dispuestos a volver a santificar la vida.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-camino-del-judaismo-para-ir-de-la-oscuridad-al-amanecer-nid17112023/

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